El lenguaje corporal, en poker, se refiere a la manera de actuar y mirar durante ciertas situaciones del juego. Es inevitable, y sobre todo al principio, que cuando tengamos una buena mano queramos apostar rápidamente, que se nos dibuje una sonrisa o que nos pongamos algo nerviosos. Si es tu caso, para un jugador experto eres como un libro abierto, la experiencia hace a uno más sensible a estas señales, y con el tiempo uno cada vez es mejor leyéndolas.

Si lo piensas, cualquier persona en el día a día realiza decenas de gestos que indican o ayudan a adivinar lo que le pasa por la cabeza, es algo bastante común y en algunas personas se hace más evidentes que en otras. La mirada o los gestos de alguien que miente, de alguien que tiene miedo, de alguien agresivo, de alguien que duda, etc. y en mayor o menor medida todos somos capaces de adivinar tales gestos.

Sin embargo en el mundo del poker, todo este lenguaje corporal no vale de mucho, por dos razones principalmente: Estas señales que percibimos en el día a día suelen ser benignas o inofensivas, no hay grandes secretos que se escondan tras ellas. En segundo lugar, estas señales tienen lugar de manera natural, fácil y sin presión ninguna, de hecho si los sometiéramos a una gran presión o stress se convertirían en gestos evidentes, pomposos, etc. y es aquí donde está el desafío en poker, en mantener una compostura natural aún cuando la situación puede ser crítica, a esto hace referencia la expresión poner cara de poker.

Los jugadores de poker experimentados tienen registrado en la cabeza todo un repertorio de caras de poker y de maneras en que actúa una persona cuando tiene cierta mano, cuando tratan de disimularla, cuando no la tienen o cuando tratan de tirarse un farol.

Los jugadores de poker experimentados no se fijan sólo en tu cara, también buscan diferencias en el modo de comportarse de sus oponentes, y cuanta más experiencia acumulan, más complicado se hace el engañarles. Cada uno tiene sus propias teorías empíricas, y con el paso del tiempo las va refinando. Por tanto, tu objetivo es escapar de estas teorías de manera que les sea más difícil conocer tu situación en la partida.

Un jugador experto observa lo que haces, lo que no haces, y las cosas que de repente dejas de hacer. Por ejemplo si de repente tienes una mano buenísima y te da por sacar un cigarro del bolsillo de la camisa y fumártelo, deberás repetir esto exactamente de la misma manera en otro momento que tengas una mala mano, sino evidentemente sería uno de los indicativos para pillarte.

Evidentemente, cuanta más experiencia acumula uno, más automático se convierte este proceso, permitiendo al jugador fijarse en detalles cada vez más nimios o difíciles de percibir. Y es que muy pocos jugadores tienen la habilidad de poner cara de poker, o simplemente resultar convincentes, cuando tienen una mano mediocre o mala.